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El día que me entere de la lamentable noticia, sentí de golpe, que no solamente habían más de una década desde que dejamos de frecuentarnos, sino que recordé aquellos versos que tarareabas: Muere el sol en los montes / con la luz que agoniza, / pues la vida en su prisa / nos conduce a morir. / Pero no importa saber / que voy a tener el mismo final, / porque me queda el consuelo / que Dios / nunca morirá; enseñándonos que somos mortales y que la fecha tarde o temprano nos alcanza. Fue en un corto viaje a la ciudad de Moyabamba y Rioja, cuando lo ví en uno de los noticieros de la televisión local; expresaba su rostro en la pantalla su imponente autoridad para expresar sus sesudas opiniones sobre la política de la Región. Luego me entere de su exitosa vida en Tarapoto, ya que además de ser director y propietario del periódico oficial de San Martín “El Observador regional”, había sido nombrado como Director Zonal de Industria y Turismo. Esa fue la última oportunidad que nos reunimos y recordamos nuestra vida de estudiantes, sobre todo cuando participamos en la toma de la Gran unidad Escolar “Ricardo Bentín”, para exigir la remoción del Director, “fue una gran experiencia para todos los bentinianos”, decía. También me contó al paso su agitada vida, lejos de su familia, el inmenso cariño por su hijo Diego y la molestia que sufría por la diabetes que empezaba a afectarle. Cuando nos despedimos con un fuerte abrazo y un hasta pronto, me fui pensando “vive; está viviendo una experiencia, un motivo. Yo que lo había visto caerse varias veces por su inquietud empresarial, arriesgando siempre, también fui testigo verlo reflotar, cual ave Fénix”. Gerardo, se había marchado, sin despedirse de nadie, demostrando humildad como siempre, como cuando empezó y dejo su barrio en el Rímac, para ir al encuentro de su azaroso destino: sus trabajos informales durante el viaje en las ciudades donde hacia escala hasta llegar a la ciudad de Iquitos, donde impuso su estilo como periodista y empezó su ascenso en el mundo de las comunicaciones, especialmente en la prensa escrita y se consolido después cuando se estableció en la ciudad de Tarapoto. Gerardo, entrañable amigo, que siempre compartías tus conocimientos y ayudabas a los que necesitaban; aunque no tengo la facilidad de redacción que te caracterizaba, con estas líneas deseo expresar mi gratitud por tu amistad y mi duelo por tu temprana desaparición. Tu amigo Wilson Herrera C. |
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